El mundo está cambiando rápidamente y nuestros hijos están creciendo en un mundo muy diferente al en que nosotros crecimos. Los «expertos», los padres, las redes sociales y la proliferación de Internet son en parte responsables de la pérdida de enfoques bíblicos más conservadores para criar a esta generación de niños y jóvenes. Los Millennials han estado convencidos de que pueden hacer un mejor trabajo que sus padres al criarlos y están optando por las opiniones de los llamados expertos YOUTUBERs y psicólogos.

Greg Lukianoff y Jonathan Haidt discuten en su libro, The Coddling of the American Mind ( Penguin, 2018), que los iGenerers han sido influenciados por sus padres sobreprotectores «helicóptero» y por una cultura más amplia que prioriza la seguridad emocional por encima de todo.

En un artículo de BEHAVIOR & SOCIETY titulado «Los niños de hoy están siendo socializados para pensar que son frágiles», el autor dice que hay 3 mentiras que se les enseña a los adolescentes:

1 – Creer que los conflictos te harán más débil.
2 – Que las emociones son una guía confiable para responder a factores de estrés ambiental en lugar de la razón.
3 – Que cuando las cosas van mal, es culpa de la gente malvada, y no su propia culpa.

Los padres «helicóptero» de hoy están enseñando estas cosas a sus hijos que ahora están llevando esas actitudes insalubres a la escuela y dondequiera que vayan.

Todo esto, además de los padres que están ausentes en el hogar y que demuestran a sus hijos que el trabajo y la autorrealización son más importantes que pasar tiempo con ellos, son factores que influyen en la razón por la cual los adolescentes de hoy están lidiando con bajos niveles de autoestima. La duda y la baja autoestima dificulta su confianza en sí mismos y su capacidad para decir NO a la presión de sus compañeros.

Presión de compañeros: la fuerte influencia que sienten los individuos para ajustarse a los valores de los demás.

Miedo al hombre: un sentimiento de ansiedad con respecto a lo que otros piensan acerca de nosotros.

La biblia habla sobre la presión de los compañeros, pero la llama el miedo del hombre. Es la idea de que lo que otros piensan o dicen de mí es más importante que lo que Dios piensa y dice de mí. La Biblia dice en Proverbios 29: 25:

El temor del hombre pondrá lazo;
Mas el que confía en Jehová será exaltado. (RVR60)

Este temor no es nuevo; es algo con lo que la humanidad ha estado luchando desde la caída del hombre. Es nuestro pecado, creer lo que otros (expertos) tienen que decir en lugar de lo que Dios dice. Como padres, queremos que la sociedad nos considere exitosos y olvidamos lo que es verdaderamente importante. Transmitimos nuestra propia inseguridad y necesidad de aceptación a nuestros hijos cuando la posesión material y la autorrealización personal son más importantes que el tiempo que pasamos con ellos. Nuestros hijos se sienten inseguros y temen que sus compañeros los expongan o humillen, rechacen, ridiculicen, desprecien, o amenacen. No se sienten seguros y confiados en lo que Dios dice acerca de ellos. Su inseguridad, falta de confianza y necesidad de afirmación luego se llena al ser aceptados por sus compañeros, razón por la cual están dispuestos a decir SÍ a las cosas que saben que deberían decir NO. «Cuando tememos el rechazo, ridiculizamos y nos diferenciamos tanto que estamos dispuestos a hacer lo que sea necesario para evitar estas cosas. Lo más probable es que nos mezclemos y vivamos de la manera en que otros piensan que deberíamos, en lugar de agradar a Dios (Juan 12:43).» – Ministerios Palabra de Vida

La solución:

Primeramente, los padres deben acudir a Dios, arrepentirse y decidir obedecer la palabra de Dios en la formación de sus hijos.

Segundo, los padres deben ser controlados por la verdad de Dios más que por sus propios sentimientos u opiniones de «expertos» basadas en las tradiciones y filosofías humanas. (Col. 2: 8)

Tercero, los padres deben dejar de ser padres «helicóptero» y permitir que sus hijos adolescentes sufran las consecuencias de sus decisiones (usarlos como momentos de enseñanza), en lugar de rescatarlos o culpar a todos los demás.

Cuarto, los padres necesitan pasar tiempo con sus hijos e intencionalmente decir palabras de afirmación para sus corazones y mentes. Deuteronomio 6: 6-9 dice:

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas. (RVR60)

Que Dios le dé la sabiduría y el discernimiento para buscarlo y obedecerlo mientras buscan entrenar a sus hijos para que se sientan seguros de decir NO cuando sus compañeros les piden que hagan algo que va en contra de Dios.

Dios los bendiga,

Lic. Jonathan Sierra – Consejero de Secundaria, ALP